miércoles, 25 de septiembre de 2013

COMO ESCRIBIR CUANDO NO ESTAMOS INSPIRADOS (POEMAS DEL ALMA)

A veces estamos tan sobrepasados de ideas que no somos capaces de aunar nuestras energías para hacer algo que realmente valga la pena. La inspiración que instantes antes nos embargaba se va al garete y una frustración asesina nos sobrecoge. ¿Qué podemos hacer en esta situación? Si bien cada autor tiene sus pequeños trucos para enfrentar el fracaso o la falta de inspiración, tener en cuenta ciertos consejos que a otros les funcionan, nunca está demás. En este artículo he reunido algunos tips para poner en práctica en esas situaciones en las que la inspiración se vuela y la loca de la casa parece haber decidido abandonarnos para siempre. Volver al principio Al comenzar un escrito o trabajo en el que la creatividad es fundamental tenemos miles de ideas navegando en nuestra cabeza y una ilusión irrefrenable por ponerlas en práctica. Pero muchas veces ese impulso vital del principio se va apagando con el correr del tiempo y las múltiples frustraciones a las que se ve expuesta nuestra inventiva. ¿Qué podemos hacer ante esta situación? Aquí hay algunos consejos que podrían ayudarnos a recuperar esas ganas de comernos el mundo. Cuando no hay párrafo que nos convenza lo mejor es dejar lo que estamos haciendo y replantearnos los objetivos de nuestro trabajo. Lo fundamental es saber por qué escribimos; es decir cuáles fueron las razones que nos llevaron a encarar ese proyecto y, en consecuencia, si todavía las consideramos lo suficientemente fuertes como para seguir inmersos en él. Todos tenemos motivos para emprender una determinada tarea y ser siempre conscientes de ellos es lo que puede ayudarnos a no perder el norte. A veces, por determinadas cuestiones nos acostumbramos a una tarea y el camino nos va llevando; a tal punto que olvidamos nuestras metas. Entonces, lo mejor es replantearnos el esquema de trabajo y descubrir si nuestros objetivos son verdaderamente válidos. Y, de no ser así, modificarlos o cambiarlos rotundamente. A veces una pequeña sacudida a nuestra conciencia puede bastar para que retomemos la actividad y para que, de improviso, la inspiración regrese a nosotros y nos permita trabajar con el entusiasmo y la confianza de los primeros tiempos. Buscar espacios de expansión creativa Algunas actividades despiertan en nosotros el deseo de escribir. En mi caso, por ejemplo, ver una buena película en la que se narra una historia bien hilvanada me inspira muchísimo, al igual que lo hace irme un rato al medio de la naturaleza y observar la vida desde otra perspectiva. La inspiración se despierta cuando ciertos estímulos externos rozan nuestros hilos profundos y nos impulsan a expresarnos de forma artística, no es algo que podamos manejar o presionar pero, al descubrir esas actividades que pueden colaborar con el despertar de la loca de la casa, podemos provocarnos con mayor o menor éxito esas sensaciones. Buscar el estado de relajación es primordial para que la inspiración llegue a nosotros. Si estamos tensionados porque no somos capaces de escribir no conseguiremos que nos salga una sola frase que nos convenza; en cambio, si buscamos poner la mente en blanco y relajarnos, posiblemente de pronto sintamos fluir esa imaginación y destapemos ese bloqueo. Las actividades que nos ayuden a expandir nuestra creatividad pueden ser infinitas. Depende especialmente de quiénes somos, qué cosas nos gustan y, sobre todo, qué experiencias estimulan nuestros hilos internos y nos llevan a expresarnos a través de la escritura. Leer a los maestros Hay personas que creen que para escribir sí o sí hay que leer a Borges o a Joyce. Personalmente creo que cada uno debe descubrir a sus propios maestros. No necesariamente serán quienes se hayan dedicado a nuestro mismo género sino aquellos que consideramos son muy difíciles de alcanzar y que nos generan el desafío de mejorar. Recurrir a ellos en busca de la inspiración es una excelente opción. Cuando leemos a aquellos autores que nos han cautivado y que posiblemente nos hayan incentivado a que nos dediquemos a esta vocación, algo se despierta en nosotros que nos lleva a sentarnos frente a una hoja y poner en palabras esas ideas que dan vueltas por nuestra cabeza. Para recuperar la inspiración también puede ser sumamente útil el plasmar sobre una hoja una tormenta de ideas. Escribir todas esas cosas de las que deseamos hablar para encontrar la idea que más nos convenza. Posiblemente descubramos una que destaque por sobre las demás y que sea a la que deseemos dedicarle el resto de la tarde, en busca de algo inspirador o auténtico. Cuando estamos en esa situación en la que sentimos que las palabras no acuden a nuestras manos y que las ideas se han volado como por arte de magia debemos recordar que ni somos los primeros que pasan por esa situación ni seremos los últimos. No somos especialmente malos o buenos por eso. Así que en vez de plantearnos por qué nos ocurre eso, busquemos una solución. Hagamos que la loca de la casa se sienta cómoda y desee trabajar para nosotros nuevamente.

lunes, 23 de septiembre de 2013

BUENOS DIAS, QUERIDOS SEGUIDORES. RECIBI ESTA INFORMACION Y ME GUSTO TANTO QUE QUIERO COMPARTIRLA CON USTEDES. ESPERO LES SEA UTIL.

Cómo terminar un capítulo De Richard Ridley Es difícil saber cuándo algo se ha terminado. Algunos invitados no saben cual es el momento más apropiado para irse de una fiesta. Algunas personas no saben cómo poner punto final a una relación. Y algunos escritores no saben cómo terminar un capítulo. El último ejemplo es, quizá, el más sorprendente. ¿Cómo se termina un capítulo? Para responder a esta pregunta, primero hay que determinar qué es un capítulo. Un capítulo es un paso adelante. Incluso si se trata de un flashback, el único propósito de un capítulo es avanzar en la trama o desvelar un componente importante de una (o varias) de las verdaderas naturalezas de los personajes. En cada capítulo, hay que proporcionar al lector una revelación que le impulse a seguir leyendo. Articular un capítulo es complicado porque se tiene que conseguir un resultado satisfactorio de manera independiente, a la vez que dependiente del resto de la historia. El final de un capítulo es la parte más difícil de algo ya de por sí complicado. El lector tiene que quedarse con la sensación de que se han respondido algunas preguntas y, al mismo tiempo, se tienen que plantear nuevas preguntas para el siguiente capítulo. En una novela romántica, un capítulo puede revelar por qué una mujer no puede soportar ver a un hombre en concreto que pertenece a su pasado y que repentinamente se ha puesto en contacto con ella. Sin embargo, el párrafo final puede sugerir que ella le habría juzgado mal. Esa sugerencia es lo que animará al lector a seguir leyendo. ¿De verdad ella le había juzgado mal? El siguiente capítulo abordará esa pregunta en particular. Por ejemplo, ella podría descubrir que, efectivamente, le había juzgado mal, y este nuevo capítulo terminará sugiriendo que una persona en la que ella había confiado todos estos años era en realidad la causa del sufrimiento que la ha atormentado durante tanto tiempo. Esta revelación nos lleva a más preguntas que habrá que resolver en el siguiente capítulo o en los posteriores. Entonces, ¿cómo se termina un capítulo? Un capítulo se termina cuando se ha cumplido la regla de oro de los capítulos, es decir, cuando se han ofrecido respuestas que dejan satisfecho al lector. Y, cuando esto se ha conseguido, el final del capítulo en sí debe sugerir que habrá más y mejores revelaciones en los capítulos posteriores. En resumen: un capítulo se termina cuando no hay nada más que decir, pero sí hay más que descubrir.